sábado, 4 de junio de 2011

Sólo para quien no seas tú

Tengo la necesidad de vomitar esto, esto que no es ni elegante, ni tierno; esto que ni siquiera es para ti.  Puedes aceptarlo como un cumplido, o como una derrota, pero si lo lees va a pesarte siempre, así que si estás aquí, descontextualízame como prefieras, que no me llame Clara y que tú no te llames como te llamases cuando te besaba el pelo.

No te acuerdes de lo que te conté, no recuerdes cuando te decía que había dejado anidar en mi pelo a un pájaro carpintero. Porque quizás eso te pase, y llegará un día que podrás dormir con el repiqueteo, pero no te dejará soñar. No pienses en la fragilidad de mi alma, porque si está rota ya le pondré parches, y será terrible que un día te encuentres con que los parches no sólo son remiendos, sino otras formas de vivir. Será terrible que una mañana veas que de repente soy feliz y no tiene nada que ver contigo, que no me acuerdo de la escalera del concesionario Berlín donde nos quisimos por encima del amor y del sexo, que no me importan las noches que cenamos en la Galette y te miraba por detrás de una vela, ni las cervezas en bares de doble nacionalidad, ni siquiera aquella noche en la que te hice venir a buscarme en taxi a Atocha, para luego quedarme encerrada en el baño del bar donde tomamos caipiriñas.

No te acuerdes de que, cuando aún estábamos en el colegio, prometimos ser siempre amigos. Sé que el lugar era la Plaza de Oriente, pero ya no sé qué día ni qué año, no me esperes porque no estaré allí. Cuando coja impulso, será el trampolín el que me eleve y yo me dejaré elevar. Puede que entonces, tú te des cuenta de que el amor sólo son dos personas perdidas que se encuentran, y que sin saberlo, se esperaban. Y el mundo está lleno de almas perdidas, como la mía, que diariamente saltan al vacío y se topan con un primer beso. Y se miran de esa manera que dice cuánto hacía que esperaba a que llegases.

En menos de tres meses todas mis cosas estarán ya en París, y en el espejo del cuarto de baño no estará mi reflejo. Dormiré en una cama distinta, y seguramente tú no duermas solo, quizás yo aún divague por ningún sitio, esperando el beso definitivo y los parches que me hagan olvidar que nos hemos acurrucado en literas en Berlín y en Amsterdam, y en una cama con dosel en Copenhague y en el diván de mi cuarto de Madrid. Pero algún día tendrás que abrir los ojos, enfrentarte a ti mismo, y no podrás verme, porque ya me habré ido. Y ese día, tu alma divagará por ningún sitio y te darás cuenta de que aún está mi olor y la promesa que nos hicimos cuando éramos amigos, preguntarás por mí, y yo ya habré saltado al vacío agarrada a un cuánto hacía que esperaba a que llegases... 

http://www.youtube.com/watch?v=hex4xDAydDk

3 comentarios:

  1. Vaya domingo.., he viajado con vosotros a todos esos sitios. Y he imaginado cada palabra y cada beso, he imaginado y he sentido como lo haciais, y te he entendido (creo).
    Te he imaginado escribiendo esto sin parar de teclear, las manos iban insconscientes y salían solas. Conozco esa sensación. Pero lo mejor de todo es que has cerrado la herida al darle al boton de publicar, al menos durante un rato, siempre pasa.

    ResponderEliminar